lunes, 20 de octubre de 2014

Travesía Hundidero Gato - Montejaque – Benaoján (Málaga)

Con un poco de incertidumbre, debido principalmente a las lluvias que habían caído en estas últimas semanas por toda España, nos dirigimos hacia Montejaque, en la sierra de Grazalema, Málaga,  para cumplir con la cita que teníamos ya reservada con su correspondiente permiso, para realizar la travesía Hundidero-Gato. A tal fin salimos el viernes pasadas las 5,30 de la tarde. Esta vez el equipo lo forman los miembros de cueveros espeleoriseros Mar, Nandy, Carolina, Jose Maria G Casanova, Félix, Juan, José Luis, Jesús, Uche y el que suscribe, si bien Carolina y Juan no realizarían la travesía. Fuimos llegando al pueblo hasta que finalmente nos juntamos todos a eso de las 12,30, donde tuvimos una reunión de puesta en común para la jornada siguiente. Al fallar unos compañeros de Jerez, que en principio podrían haber hecho las labores de guías de la expedición, la tarea iba a recaer en los dos miembros que si habían realizado la travesía, pero eso si, hace más de 20 y 30 años. Cuando uno analiza los incidentes que se producen en las cuevas, este suele ser causa de unos cuantos, pero en este caso ambos compañeros coincidían en que la travesía no tenía pérdida, como así fue, y sus requisitos técnicos más allá de la resistencia, tampoco eran relevantes para nuestro nivel, como así se demostró, si bien los dos rápeles se convirtieron en 12 y los dos lagos en 20 y aquello de mojarse sólo al principio fue la tónica general durante toda la travesía. Resúmenes que la memoria hace para que quepa todo supongo. 
Nos alojamos un grupo en una casa rural y otros en la posada del fresno, propiedad del compañero Ángel Martínez, donde hemos sido atendidos estupendamente, incluso el domingo nos enseño el centro de interpretación a la espeleología que ya quisiéramos nosotros tener algo parecido en la Federación Madrileña. Después de un suculento desayuno a base de café, zumo, embutidos y tostadas de sobrasada, patees y otra cosa que no me acuerdo como se llamaba, nos reunimos con otros compañeros de la zona,  amigos de Juan.  Fofi, con sus 67 años y dos prótesis de titanio en sus rodillas sería el único que nos acompañase. Un gran conocedor en su tiempo del sistema, que participó en la exploración de muchos de sus sifones, uno de los cuales recibe su nombre y que en esta ocasión quiere rememorar ya que no lo visitaba desde hace 40 años. 
Ya reunidos todos emprendimos la marcha llevando los coches hasta el punto próximo a la presa de los Caballeros, donde se dejan los vehículos y desde donde partiremos para acceder a la boca de la Cueva de Hundidero e inicio de la travesía. Para ello tomamos una carretera que sale del mismo Montejaque a la izquierda, casi a la salida y que sube hacia la montaña en dirección a la presa (desvío 30 t 299.279  4.068.443 ), donde nos desviaremos de  la carretera 30 t 300.356  4.070.563 para coger un camino empedrado hasta el aparcamiento ed50 30 t 300.304  4.070.237. Aunque la bajada es buena, si alguien lo prefiere puede dejar los coches en el desvío de la carretera, ya que el aparcamiento de abajo es pequeño y no vale para más de 3 o 4 coches. En esta ocasión contamos con la ventaja de un equipo de apoyo que va a pasear por la zona y que nos llevará los vehículos a la salida de la Cueva del Gato. 
Iniciamos un empinado descenso que pasa por una zona de la presa y baja hacia una profunda depresión sumidero, que es la boca de Hundidero, de grandes dimensiones y forma alargada que me recuerda la boca de la Leze. Esta cavidad ha sido escavada por el río Gaduares y presenta una estructura de cañón kárstico subterráneo. En la gran sala de entrada (Sala Super) nos cambiamos y ponemos el neopreno, pieza imprescindible, al igual que el arnés, que nos acompañará toda la travesía. En este punto, las cosas se empezaron a complicar un poquito, y debo de confesar que unido al nerviosismo que ya traía por la falta de referencias actualizadas de la travesía, así como por los niveles freáticos, hizo que me pusiera un poco nervioso. Jesús y Fofi finalmente olvidaron sus arneses, uno, en el coche por un malentendido y el otro por olvido, total que empezamos la marcha ya un poco mermados, eso si, nuestro nuevo amigo lleva una pértiga de aluminio de 2,5 m como apoyo que estuvimos escuchando durante toda la travesía como si de cencerro se tratase. 
Mi experiencia en estos temas es que el conocimiento de la cavidad así como el material adecuado, sumado a la pericia y resistencia, hacen que los tiempos sean razonables, mientras que la falta de ellos, hacen lo contrario, situación que además tiende a complicarse más aún si cabe por el efecto Murphy, dando como resultado final un sinfín de horas y agobios innecesarios. Dicho lo cual, fue más mi temor que otra cosa, ya que el pozo artesiano que hay antes de entrar a la boca y que sirve de medidor del nivel freático de la misma, estaba completamente seco y de ahí para adelante todo fue a mejor gracias a Dios. La travesía comienza mojándote y termina mojándote ya que a los primeros 70 metros hay un pequeño lago inevitable por el que hay de destrepar por una cuerda de 3 o 4 metros, o bien pegar un salto, así atravesamos el primer lago y tomamos contacto con la temperatura del agua. Al poco tenemos que rebasar un segundo lago también de pequeñas dimensiones y pasar una gran marmita para llegar a una gigantesca marmita (de los americanos) donde hay que seguir por un pasamanos de cadenas que sube por la derecha y que nos lleva al lago de la sartén. No tengo claro si la caída del cauce principal es la marmita de los americanos o la sima del embudo, pero en cualquier caso no hay pérdida ya que hay que seguir las cadenas. Una vez arriba volvemos a descender por una cuerda que nos deja en otro lago precioso. Cabe señalar que durante todo el recorrido vamos a ir acompañados de los esqueletos de metal y madera que quedan de la obra medio faraónica que realizo la Compañía Sevillana de Electricidad por los años 20, en un intento de taponar los mil escapes que tenía la presa anteriormente citada y que dejaba a la misma sin agua a los pocos días de llenarse. Estos armazones, en su mayoría pasarelas colgadas para el paso de obreros y animales, dan un toque tétrico y decadente a la cavidad,  que tiene su puntillo, conformado insólitas imágenes para el recuerdo. Seguimos rapel tras rapel , para lo cual Jesús tubo que improvisar ya desde el principio un arnés de fortuna, con una culera,  y yo compartir con Fofi el mío, ya que finalmente contaremos más de doce pequeños rápeles, siendo el mayor de unos 15 metros (a ojo). Siguiendo siempre el curso del agua pasando de un pequeño lago a otro más grande, otros que son macro marmitas, atravesamos el paso del anillo para llegar a los órganos, formación de unas coladas que caen al lago y de muy bella factura. Un poco más adelante nos encontramos con una de las zonas más bonitas de la travesía, la sala de los gours, una sala de buenas dimensiones, conformada por una sucesión de depósitos escalonados en una ladera, originados por el flujo laminar del agua, donde paramos un poco a la espera de Félix y José Luis que viene haciendo algunas fotos. Hay que resaltar que para los primeros 500 metros emplearemos 2h en sobrepasar los obstáculos. Esta medida nos crea un poco de alarma al pensar en la cantidad que aún nos queda y hace que aligeremos un poco el paso, poco, porque la verdad , como dice el refrán, de la sartén al fuego ya que caímos en la galería de la ciénaga, donde además de una buena corriente de aire, nos costo lo suyo salir de allí. José Mª G Casanova tuvo que rescatar su botas del lodo, que finalmente convinimos, era de una pastosidad y adherencia superior al del Piscarciano. Una vez remontada la galería, la corriente quedo justificada por la gran sala de la plaza de toros, donde tomamos medida de tiempo y referencias de la bibliografía que llevábamos del grupo Geológicas, dándonos cuenta que habíamos llegado al punto 15 minutos antes de lo previsto. Yo personalmente me relaje un poco ya que José Luis nos comentaba que el resto era mas rápido y llevadero como así fue. En esta gran sala vimos calderines, ruedas de vagonetas y otros artefactos que utilizaron los obreros. Los aportes que en épocas de crecida forman una gran cascada estaban secos como pronosticaba el pozo de entrada. Ya un poco más relajados con los tiempos y el agua, seguimos adelante al tramo más acuático de toda la zona ya que hay que atravesar el lago doble, el lago largo, la presa y el cabo de las tormentas, pero antes de la presa paramos en la gran estalagmita para las fotos de rigor y tomar una barrita. Impresionante formación que no pudimos abarcar. Esta parte es preciosa también y el lago del cabo de las tormentas el más bonito de todos, donde hay que nadar un buen trecho, (200 metros dicen algunos) , aunque tiene en el medio alguna piedra para descansar. Este es uno de los punto críticos de la travesía, ya que en época de lluvias, los aportes a esta zona son absolutamente torrenciales, llegando a sifonar parte de sus galerías. Aquí también notamos una fuerte corriente de aire. Otro dato importante que me tranquilizo bastante, al menos a mi que soy un friolero, es que la travesía no tiene corriente de aire salvo en este punto y la galería de la ciénaga, cosa muy de agradecer ya que no se pierde calor y no tuve frío en ningún momento con el neopreno de 5’’. El agua tampoco es especialmente fría. Jesús que llevaba un neopreno de 2’’ y otra prenda interior si paso un poco de frío. Seguimos avanzando y tras pasar otro lago, este a media cintura, encontramos la placa Vera que conmemora el fallecimiento del compañero espeleólogo José Manuel Vera Catral el 6 de diciembre de 1976 que en el transcurso de una exploración en punta fue engullido por la corriente al estar el sistema en crecida. Se le intento rescatar con una cuerda pero fue imposible por la fuerza del agua, según nos comenta Fofi, que posteriormente participo en las tareas de rescate del cuerpo. Nosotros encontramos el cauce completamente seco, pero se intuye la potencia en carga del agua por el pulimiento de las rocas. Atravesamos un par de lagos pequeños más, los de la botella I y II y entramos en la galería seca del aburrimiento que durante 1 km nos hace sudar un poco, hasta llegar al lago del pasamanos, que nosotros pasamos por el agua. El citado pasamanos de cuerda esta colgado unos metros por encima, pero como el nivel del agua no era muy elevado, los lagos han sido llevaderos. Este empalma con el lago 1.100 que hace referencia a la distancia que queda para la salida y de ahí poco más nos relajamos en la sala de las dunas, sala repleta de una rampa de arena donde tomamos otro refrigerio y descansamos un poco, ya que esta sala se encuentra a poco más de una hora de la salida. Una vez descansados y comidos y después de revisar en la sala las simas de las dunas nos dirigimos hacia una impresionante galería por su porte y altura que nada tiene que envidiar a las cántabras. Aquí realizamos alguna foto más en la estalagmita conocida como la giraldilla y después de algún resbalón sin consecuencias nos dirigimos a la gran pared, que como su nombre indica es una pared perfectamente labrada a modo de pizarra de unos 40 metros de altura, de ahí, encaramos una serie de marmitas desfondadas con un par de rápeles finales que nos sitúan en dos pozas permanentes y que nos obligan a mojarnos justo antes de la salida, cosa que agradecimos algunos,  ya que en el último tramo sudamos más que en la galería del aburrimiento al ser los obstáculos mayores. Estas pozas se pueden pasar sin mojarse pero no vimos el paso de las termópilas que nos comentaba Fofi, pero si las cuerdas finales que bajaban al final de las pozas. En cualquier caso, seguimos el curso del agua hasta la salida final por Gato, en un paraje espectacular y donde nos esperaban los compañeros de apoyo, que nos aplaudieron por el esfuerzo y a los que aprovecho para agradecer su logística y  cariño, ya que finalmente no pudimos despedirnos en el pueblo. Para un desarrollo de algo más de 4 kms. entramos a las 12 menos 10 y salimos a las 7,30 los primeros y poco más el resto, ya que Fofi que se había quitado el neopreno en la galería seca, al no dar con el paso de las cornisas tuvo que volver a ponérselo. Dicen que los mitos se forman mitad verdad, mitad idealización, yo debo decir que para mi esta travesía es mítica, y siento no haberla disfrutado plenamente por mis miedos, pero para aquellos que la vayáis a realizar, dejaros llevar y disfrutad.



2 comentarios:

Vicente V. Garcia dijo...

Hola, queremos entrar este año a realizar la travesía, pero nos piden un permiso con varios informes un poco especiales, no se si el año pasado era igual, tipo impacto ambiental, medidas preventidas...etc, en fin, da la impresión que no quieren que vaya nadie, nos podiais enviar copia de vuestro permiso para guiarnos anta tanta "sandez", muchas gracias, estamos de acuerdo con lo de sacar permiso, pero se han pasado, un abrazo. v.vicente.garcia@gmail.com

Rameffes II dijo...

Vicente, perdona por la demora pero no tengo alertas en los comentarios del blog y no me entero. El permiso lo solicito un compañero, Felix, y no tengo el documento. Este año también lo hemos solicitado y no han comentado que haya problemas, por lo que no creo que os lo denieguen. Los periodos son restrictivos de verano incluido octubre, según argumentan por la anidacion de aves y murcielagos.En cualquier caso ya no habia plaza salvo para octubre. intentaré buscar el documento grafico que por algun sitio estara. Saludos,