lunes, 31 de agosto de 2015

Travesia Cuivo - Mortero de Astrana



Este pasado sábado 29 de agosto de 2015, un selecto grupo de miembros del Silex Team (Mar, Ana, María, Sonia, Moreno y yo), nos hemos dado cita en la localidad de La Gándara para abordar la “disfrutona” travesía de Cuivo – Mortero. Al efecto salimos los expeleos Mar, Ana y el que suscribe, el viernes por la mañana sin nada que hacer y con la intención de dar una vuelta por Cañuela por la tarde o alguna otra actividad de corto desarrollo. Finalmente y por pereza, después de dejar los bártulos en el albergue de Margari, en el bar restaurante Coventosa, decidimos no manchar los monos y acercarnos a Carranza a visitar la cueva de Pozalagua, y de paso, tantear la aproximación a la sima del Carlista, próximo objetivo para algunos miembros del club. Visitamos la cavidad sin costarnos un duro al ser espeleólogos y además, tuvimos la ocasión de conocer en persona al primer espeleo que la topografió por allá en el año 1958 (Año en el que hemos nacido algunos de los participantes). Nos contó con cierta emoción que estuvieron 10 días abajo hasta completar la topo y nos enseño sus primeros planos y algunas fotos, así como los medios usados para ello, a saber, un cinturón de piel de vaca, remachado por el herrero, unas cuantas escalas y cuerdas de cáñamo, sus carburos, sus monos de vaqueros y una dosis de valor a envidiar. Terminamos la tarde cenando en el refugio y prontito a la cama. De madrugada llegaron otros tres espeleos pertenecientes al GAEM de Madrid, al menos dos de ellos, con los que por la mañana charlando, nos comentaron que ellos también tenían intención de hacer la misma travesía.

Al levantarnos,  Ana nos cuenta que apenas ha dormido y que tiene un dolor de cuello importante y mal cuerpo, al dormir en mala postura y resentirse una antigua lesión de cervicales que tenía, por lo que no tiene nada claro que vaya a poder acompañarnos en la actividad. A las 10 am nos reunimos en La Gándara con el resto de nuestro equipo, que venía de Santander e iniciamos la aproximación al Mortero (WGS84 30T  0453737 4784234) para revisar su instalación. Encontramos instaladas la rampa y una vía del fondo con las mismas cuerdas en fijo que vimos el año pasado dando una vuelta por la zona. Decidimos usar la instalación fija no montando nuestra cuerda y volvimos a la carretera para equiparnos e iniciar la subida a la boca de Cuivo (WGS 84  30 T  0453699  4785015). El equipo de travesía, que a excepción de Ana, que finalmente decide quedarse con buen criterio, empezamos a ascender por la cuesta del Cuivo, fácilmente reconocible, ya que parece una pista de piedra que nace desde el cauce seco del arroyo que intersecciona con una camino carretero, Con el gps en manos nos desviamos un poco a la izquierda de la cuesta para atravesar una valla de ganado que da acceso a una finca que poco más arriba se cubre de helechos. No hay un camino evidente, pero la ruta del gps era inequívoca y además vimos a dos compañeros del otro grupo sentados a la boca del pequeño agujero. Charlamos un poco con Máximo y fuimos entrando todos poco a poco. En pocos minutos los perdimos de vista pero los volveríamos a coger en varias ocasiones en distintos puntos de la travesía. Empezamos el descenso a la 1:45 pm y abajo del primer pozo, un p13, nos encontramos con la salamandra y la rana, de vivos colores que hay en todas las fotos de las páginas web de la travesía (ojo que ya cobran). En esta ocasión y para “lloro” de todos, me dejo la cámara olvidada en el refugio. Comenzamos a avanzar por el cauce del río Cubieja que aquí arriba esta prácticamente seco, por lo que nosotros no nos pondremos los neoprenos hasta la sala de la Colada. Avanzamos por el cauce hasta que este se sume y tenemos que bordear por la derecha, para al poco, destrepar por un R3 con cuerda fija que nos vuelve a dejar en el cauce. Avanzamos con comodidad sin que la sección sea especialmente grande, hasta que tenemos que tirarnos cuerpo a tierra prácticamente para sortear unas formaciones que sifonan el paso. Nosotros pasamos sin mojarnos ya que no había prácticamente agua. Este paso puede ser complicado con crecidas. Esta gatera nos deja en la cabecera del p7 que da acceso a la mítica sala (al menos para mí)  de la Colada, foto de portada del que fue mi primer libro de espeleo “Grandes travesías. 40 integrales españolas”, de Isidoro Ortiz, y al que le guardo un especial cariño, ya que fue mi primera luz en este mundo oscuro, en nuestra etapa autodidacta. Con el y un valor sin precedentes, nos atrevimos a llevar a nuestros hijos sin prácticamente sin ningún equipo,  a la boca de las cuevas Sopladoras para hacer la travesía a cueva del Agua. Menos mal que nos asustamos y nos dimos la vuelta al poco de entrar, pero al menos vislumbramos que había posibilidades. Bueno, que me pierdo. No había cascada ni cámara por lo que en este punto,  y como indica nuestro amigo Don Topo, nos pusimos los neoprenos, empezando aquí la “disfrutona” travesía. Que parto, será que he engordado. Pero cierto es lo cierto, este meandro, el de el Caramelo, que se me asemeja al curso activo de Valporquero, pero de menores dimensiones, es espectacularmente visual y puede que la parte mas divertida de la travesía. En todo momento hemos ido siguiendo el cauce y la intuición. Teníamos dudas de poder equivocarnos por las vías superiores pero no se dio el caso. Llegamos al amplio p8 que cae a una poza . Al poco y tras una trepada indicada entramos en el meandro Spa, para mi uno de los mas divertidos, ya que es una meando con una sucesión de pocetes cómodos que te pones de barro blanco hasta las gafas y nunca mejor dicho, para mi con más barro que el Piscarciano. Todo el meandro y sus pozos están recubiertos de una arcilla blanca por todos lados. Vamos tomando poco a poco el tono de estatuas vivientes de escayola. Hasta esta zona la temperatura es agradable y no se siente frío alguno, pero ya empezamos a notar tanta subida y bajada flexionando el neopreno. Un poco más adelante, para salir del Spa, tras una graciosa pocita de barro donde te llega al pecho y te ancla al suelo que parece que no saldrás jamás de allí, hay una bifurcación. La buena es un agujero como a un metro del suelo, con ciertas marcas negras no evidentes por el barro que mancha sus paredes y a la izquierda. La otra vía, por donde se sume el agua, es una estrecha gatera más embarrada aún si cabe, por la que no se puede progresar. Salimos a una rampa que acaba en la sala de la Lavadora, un par de pozas, la de la izquierda de profundidad, donde nos vamos lavando y quitando el barro de cuerdas y aparatos principalmente. Los compañeros nos dejaron limpia la grande de la izquierda. Esta sala da paso a lo que para mi fue uno de los tramos más infernales que pase junto con las rampas y salida. El meandro de Falopio. Muévete con neopreno y saca por un meando de 4 o 5 metros de altura y unos 40 centímetros de ancho, y una longitud escandalosamente larga, con un par de pasos en los que te quedas clavado en la pared a medio metro del agua aún pasando de lado y apoyado con el ombligo, para luego bajar al agua y arrastrarte como un gusano. Nuestros supraespinosos maltrechos pagaron un alto precio en este tramo. Como empezó, termina, con un incomodo r4 en cuerda fija y que nos coloca en la sala del Roscón donde por la izquierda al fondo abajo se desploma en el primero de los pozos grandes alternativos al p90. En este punto contactamos con los compañeros que nos preceden, situación que aprovechamos para tomar una barrita y un trago de agua esperando a que bajen el p17 . A partir de aquí iremos reuniéndonos sin problema en las zonas de pozas y escalones de cauce cómodos para los 5 y más . Le sigue un p10. No he mencionado que en la mayoría de los pozos encontraremos pasamanos, anillas y cadenas nuevos, salvo algunos más antiguos con maillones. No tuvimos problemas en las recuperaciones y la recomendación es usar las cuerdas justas, ya que nosotros por no tener, llevamos una de 44 y otra de 50 haciéndose penosa la recuperación de los metros de más, ya que lo ideal son dos cuerdas de 40 o cuerda y cordino. El p35 lo bajamos enlazado con la siguiente r5, continuando una r5 para terminar con el p20 que nos deja en la sala del Arco. En estos pozos hay que espabilar ya que la temperatura es algo más baja y nos quedamos un poco fríos. Aquí ya María empieza a pagar la factura del esfuerzo, empezando a mostrar signos de cansancio.
En la sala del Arco, que como su propio nombre indica, nos muestra una de las bellezas de la travesía, un gran arco suspendido a unos 10 o 15 metros sobre nuestras cabezas, proseguimos por una galería elevada, no muy grande, a espaldas del pozo, a mano izquierda, con un pequeño catadióptrico identificativo, que nos dejó en otra sala que se va desfondando a modo de rajas de un lapiaz hasta sumirse en una medio gatera que te deja en el río nuevamente. Aquí tomamos el sentido de la corriente, a derechas y al revisar la zona de la izquierda vimos una cuerda fija en un resalte de unos 4 metros que también te deja en el río y que debe de ser la vía normal de bajar al mismo. Continuamos por el cauce muy cómodo donde tiene largos tramos rectos inundados con gran profusión de golpes de gubia y avanzamos un par de centenares de metros por el meandro de la Confluencia hasta la propia Confluencia, que no tiene pérdida ya que es una T y hay una fleja en pintura amarilla que nos indica el desvío a la derecha, donde empezaremos a remontar el río Leolorna. Este cauce es más amplio que el que traemos y vamos ganando altura, esta vez contracorriente hasta la sala de la Cascada, fácilmente identificable, aún con el exiguo aporte que tenía, ya que te moja la cabeza al atravesarla. Siguiendo el curso natural llegaremos a una zona que encontraremos nuevamente marcas de flecha amarillas y otra negra. Siguiendo estas marcas, por la izquierda llegaremos a la sala del Anfiteatro, también identificable por las gradas fósiles de barro que hay a la derecha. Continuaremos por la izquierda y ya enseguida viene la parte más dura de la travesía para mi al menos ya que venimos cansado y nos queda remontar los casi 270 que hemos bajado. Veremos a la izquierda también la primera r10 . En este punto, Mar, también empieza a dar muestras acusadas del cansancio que todos traemos. Una vez subida esta, continúan otras 3 rampas enlazadas e instaladas como la anterior en fijo, que terminan en el agujero soplador y que nos dejas al fondo de la sala del Mortero. En este punto, volvemos a contactar con el grupo de 3 que nos precede.   Ascendimos penosamente el gran caos de bloques en rampa hasta la salida, y ya en el exterior, mientras esperábamos que María y Sonia terminaran de ascender la rampa, tomamos fuerzas para el último envite al Mortero. Cuando terminé de desanclarme del pasamanos del bloque que sirve de cabecera a la rampa, eran la 1,25 de la mañana. La travesía nos había llevado la friolera de algo más de 11,5 horas y un cansancio importante, ya que salimos todos más o menos tocados. Llegamos a los coches a través de una espesa niebla en algunos tramos del camino de vuelta, donde nos esperaban haciendo señales Ana y el resto del grupo que ya había llegado. Nos ayudaron a desprendernos del odiado neopreno y después de refrescarnos con alguna bebida que siempre trae More, comentamos la jugada con Ana, que ya estaba un poco nerviosa y que a su vez nos comento que la habían avisado los del grupo que nos precedía que estábamos ya en la rampa del Mortero. Mar, Ana, More y yo nos vamos para el Asón y María y Sonia se van para Santander.

Cena de restos y narración del evento a los no participantes, total las 4,30 de la mañana, así que a la cama. El otro grupo llegaría media hora más tarde.

Una travesía que me ha encantado por su belleza y variedad y que efectivamente es “disfrutona” pero que al final se hizo un poco penosa, estando en el umbral de mis fuerzas, por lo que tendré que considerar ponerme más en forma para próximas salidas. De resaltar la entereza de las Chicas que superaron todos los problemas de cansancio.

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